Cuando a la zona Atacameña llego la influencia de la cultura
Tiwanacu entre los años 300 a.C. y 500 d.C. los Chamanes aspiraban
alucinógenos, creyendo que así adquirían poderes sobrenaturales para
conectarse con los espíritus y con los dioses. Para ello, utilizaban unas
tabletas de madera o hueso adornadas con figuras de cóndores o pumas.
Durante la ocupación del Imperio Inca, los Atacameños fueron
obligados a adorar al Sol y a creer en los dioses Inca y en el siglo XVI los
españoles les impusieron la religión Católica.
COSTUMBRES FUNERARIAS
Los Atacameños tuvieron sus propias creencias y costumbres.
Una de ellas fue deformarse el cráneo para destacar su clase social o por
motivos religiosos.
Entablillaban la cabeza de los niños pequeños con maderas y
lana para darle la forma deseada. Esta costumbre se ha podido comprobar en las
momias encontradas durante las expediciones arqueológicas. Otra de sus
costumbres fue enterrar a sus seres queridos en tumbas cavadas en el mejor
lugar de su casa. Colocaban el cadáver en cluquillas, envuelto en un manto,
formando un fardo amarrados con cintas tejidas a telar. Junto a él ponían sus
joyas, ollas y cántaros, pues creían que todo ello les haría falta en su
nueva vida después de la muerte. En el norte de Chile aún suelen encontrarse
momias de cientos o miles de años que conservan intacto su ajuar funerario.






